Aportó cinco rollos de tejido de alambre romboidal, seis comederos y seis bebederos para las aves, más un instructivo para que puedan criar a las gallinas ponedoras sin cometer errores.

Los beneficiaros junto a los integrantes de la cartera productiva.

Jorge Carrizo y Daniel Fernández están a punto de concretar un sueño: tener 500 gallinas ponedoras y producir huevos a partir de una sociedad que se formó por tradición familiar (son primos) y un poco también por la necesidad de Carrizo de dejar Buenos Aires y encontrar una nueva vida en San Luis, donde Fernández ya había llegado 40 años atrás.

El “Sueño Puntano” de los primos se hizo realidad luego de la visita de integrantes del Ministerio de Producción a su campo para interiorizarse sobre las necesidades y ayudarlos de la mejor manera posible.

Ambos trabajan todo el día para levantar el galpón donde vivirán las gallinas, en un campo que Daniel heredó en Bella Estancia, en el árido paisaje del departamento Belgrano.

Carrizo llegó a San Luis en julio de este año, corrido por la inseguridad de la gran ciudad, donde sufrió un asalto violento que lo decidió a cambiar su vida y la de su familia.

Por suerte para él, en San Luis ya vivía su primo Daniel. “Jorge viene todos los años de vacaciones a la provincia y yo siempre le decía que se tenía que animar, hacer las valijas y empezar de nuevo acá, donde siempre hay oportunidades de trabajar y progresar. Yo nací en Buenos Aires, pero mi familia se vino cuando tenía tres años, porque mi mamá es puntana, entonces me siento uno más en esta provincia, toda mi vida la pasé en San Luis”, contó Fernández.

Cuando Jorge llegó en julio, su primo ya lo estaba esperando con un proyecto en mente. “Mi viejo, Rubén, tenía este campo en el departamento Belgrano y cuando falleció quedó para mis hermanos y para mí. Lo dividimos en tres y con mi parte empecé a dedicarme a la ganadería. Tengo algunos cerdos y siempre quise arrancar con la producción de huevos caseros. Le ofrecí a Jorge asociarnos y así comenzó este sueño que ahora se va a convertir en realidad”, dijo el “puntano” Daniel, quien le da para adelante con entusiasmo y la ayuda de su mujer, Mónica.

El espacioso galpón de 20 metros de largo por seis de ancho en el que vivirán las gallinas ponedoras está muy avanzado. Ya tienen las paredes bajitas hechas de bloque, los postes de madera y el techo. Falta el contrapiso y el tejido de acero romboidal que recubrirá los laterales, además de las puertas.

La cartera productiva aportó cinco rollos de tejido de alambre romboidal, seis comederos y seis bebederos para las aves. Y lo que es muy importante: un instructivo básico de cría con las principales recomendaciones para no cometer errores en los primeros pasos del emprendimiento, ya que el trabajo con aves de corral es muy delicado.

“Constantemente recibimos este tipo de solicitudes y tratamos de conformar a la gente, siempre y cuando los pedidos sean concretos y fundamentados. Por eso invertimos muchas horas en hacer relevamientos, confirmar que los productores sean reales, vivan donde dicen que viven y confirmamos qué es lo que quieren hacer”, mencionó Martín Rodríguez, jefe del Programa Producción Agropecuaria y Arraigo Rural.

“Queremos arrancar con unas 500 gallinas, vamos a probar, pero apostamos a futuro, el galpón va a tener espacio por lo menos para unas 750 según lo que leímos. No vamos a forzar nada, queremos que el bienestar animal esté por encima de cualquier ecuación comercial”, aseguró Daniel, quien tiene algunas gallinas dispersas por el campo, así que conoce cómo hay que cuidarlas y cómo reaccionan ante diversas circunstancias.

 

Nota y foto: Ministerio de Producción.